EL NOMBRE. (Y EL APODO)

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Además de ser un derecho desde el nacimiento, el nombre tiene un gran componente social. 

Hay nombres que tienen significados y otros que tienen profundas historias detrás. Nuestros papás y mamás nos entregan un nombre esperando que desde ahí nos identifiquemos y empecemos a construir nuestra personalidad, es por lo que algunos, por ejemplo, evitan diminutivos, porque quieren ver rasgos como el carácter en sus hijos: “quiero que le digan Sofía, no Sofi”. 

En mi casa, si alguien se refiere a mí como: “María Fernanda”, sé que a continuación viene un llamado de atención por algo que hice o dejé de hacer, y cuando era niña, esto era una alarma de que ya me habían descubierto “en algo”. Yo en mi familia soy Kuki, ¡y me gusta! porque que, en mi caso, mis dos nombres juntos están asociados a situaciones tensas. ¡Qué importante es el nombre!

El primer abecedario de los niños está formado por las letras que conforman su nombre. Cuando se inician en el proceso lecto – escritor, el nombre (además de “Mamá”) suelen ser las primeras palabras que les llaman la atención y por el que muestran mayor interés en aprender a escribir. Quieren verlo y reconocerlo en todas partes, “esa es mi letra” dicen mientras ven algún logo de marca. El nombre les ayuda a saber cuáles son sus pertenencias y muy pronto quieren escribirlo para ellos mismos identificar, por ejemplo, sus propias creaciones artísticas. 

Son esas letras y ese preciso orden, los que componen su nombre. El niño lo atesora desde el ámbito afectivo y cognitivo, es tan importante para su identidad, que les produce gran motivación aprenderlo. 

En edad preescolar, el nombre es algo muy importante y por lo tanto debemos cuidarlo, los invito a usarlo de la mejor manera y poner, por lo tanto, más cuidado al uso de apodos o sobrenombres. 

Los apodos pueden convertirse en etiquetas negativas y en robos de autoestima, pueden incluso, condicionar la conducta: “soy la flaca”, cuido excesivamente mi peso.

Deberíamos evitar los apodos, en ellos existe una vía que nos dirige hacia el bullying. Los sobrenombres no pueden basarse en el aspecto físico, religión, raza o clase social. No deben ser aceptados apodos de ese tipo, bajo ninguna circunstancia. 

“Yo no me llamo gordito”, “Yo no me llamo guatón”, dice la canción “Llámame por mi nombre” del grupo “Banda Sabandijas”. Este es un buen recurso para trabajar el nombre con los hijes en casa o con los niñes en el jardín. 

¿Y a ustedes como les decían en su casa?, los apodos cariñosos no etiquetan. Se dicen en ocasiones tan especiales que finalmente terminan asociadas a recuerdos placenteros, como: “te extrañé tanto kukita”.

¿Algún apodo que te hiciera sentir bien o te traiga algún recuerdo?

¿Uno que odies? y quieras erradicar ya!

Nos leemos : )

Fer “la Kuki” Aguirre. 

Publicado por

laamigaeducadora

Educadora de Párvulos - Alumni PUC - Sub Directora Jardín Infantil - Yo Elegí Educar

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